Es la noche anterior. El regalo no está comprado, las tiendas cierran en una hora y el nombre del papelito es de alguien cuyo gusto conoces a medias.
La tentación es tomar lo primero que tenga un moño. Dedica diez minutos a pensar: un regalo que funciona a última hora se elige, no se agarra.
Un regalo de último momento queda mal cuando intenta disimularlo. Es mejor elegir algo que sí se consigue en el tiempo que tienes, como un vale digital, algo de una tienda cercana o una buena tarjeta, envolverlo bien y escribir unas líneas.
Lo que todavía puedes conseguir hoy
Un vale digital que llega al instante
Una tarjeta de regalo de una plataforma de series, una clase en su gimnasio o estudio de yoga, una entrada de cine, saldo en su librería favorita.
Se compra en el momento y quien lo recibe elige cuándo usarlo. Acompáñalo con una nota que explique por qué lo elegiste.
Una tarjeta a mano con un recuerdo concreto
Una tarjeta escrita a mano que cuente un recuerdo concreto con esa persona vale más que muchos objetos. Si quieres, súmale algo pequeño, pero lo importante es lo que escribas.
Algo rico y local que te queda de camino
Un buen queso, aceite de oliva, chocolate o miel de una tienda que te quede de camino. Un producto local y bueno no parece de último momento.
Dinero con intención
Dinero con un destino escrito en la tarjeta: «para el libro que mencionaste», «para la planta que te gustó». El dinero sin más es frío; con un motivo, demuestra que prestaste atención.
Dos consejos
Envuélvelo bien: hasta una tarjeta de regalo merece papel y un lazo. Y no finjas que lo compraste hace semanas; un comentario con humor sobre la prisa cae mejor.
Sortea ahora y sal a comprar
Crea un Cuchumbo y sortea en menos de un minuto. Aunque sea tarde, cada quien sabe enseguida a quién le regala y puede leer sus pistas.










